Los amaneceres del mediterráneo están bañados de sangre

Las voces que no se escuchan

Lxs refugiadxs, la unión europea y el delito de querer vivir.

Treinta y cinco mil quinientas noventa y siete.

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Treinta mil, cinco mil, quinientos, noventa, siete, cuerpos.

Dicen los periódicos a principios de 2019, que este es el número de personas muertas en el mar mediterráneo tratando de alcanzar la costa europa desde 1993. Por desear una nueva vida. Por cumplir una esperanza. Por sobrevivir.

Pero los número hablan bien poco. Fueron creados para las matemáticas, para lo cuantificable. Los números no pueden alcanzar a contar la magnitud de todo lo que se pierde cuando acaba una vida. Es un desgarro. Como arrancar el corazón de un cuerpo, un árbol milenario de la tierra, un feto del vientre de una madre.

Con cada una de esas vidas se pierde un miembro primordial de una familia, el cuerpo de una madre creadora de vida, el futuro de una comunidad, un alma con una tarea ancestral, las esperanzas, energías y sueños de una persona, su aportación al mundo, su misión en esa vida, las vidas que a su vez podría crear, toda las personas sobre las que tendría un efecto, su compromiso social, su risa, su llanto, sus abrazos y besos, su poder para luchar por un mundo diferente.

Y sí, mucha gente muere. Todos los días. Pero qué dice de nuestra sociedad occidental acomodada, cuando siendo responsables y directxs beneficiarixs de las razones por las que miles de africanos huyen de sus países, entregándose a la forma de viaje más arriesgada, que les neguemos el mínimo servicio de salvamento marítimo. Que no solo es una obligación según la carta de los derechos humanos, sino que está incluido en las obligaciones establecidas en las Convenciones de Derecho del Mar , como “Deber de Auxilio”, siendo ilegal poner por encima la condición de inmigrante sobre la de náufrago.

Qué dice de nosotros que dejemos que la Unión Europea haya decidido que el genocidio sea su estrategia migratoria del siglo XIX. Cómo vivimos a nivel individual y a nivel de sociedad, permitiendo que millones de euros de nuestro dinero en impuestos, sean dedicados a contratar países matones en nuestras fronteras para perseguir, asesinar, convertir en esclavos a personas migrantes vendiéndolas en mercados (libia) o deportarlas al medio del desierto del sahara sin agua ni comida (marruecos). Todo ello, por el único delito de querer vivir.

Es urgente: 

  • Salvamento marítimo, sin trabas ni condiciones.

  • Una ley de extranjería digna.

  • Vías seguras y humanas de acceso para solicitantes de asilo, personas refugiadas y
    migrantes.

  • Un proceso de descolonización de los países africanos real y urgente.

  • Sociedades activamente anti-racistas que acaben con el racismo estructural en todas las instituciones así como perseguir legalmente el racismo a todos los niveles.

  • El reconocimiento público y en estructuras educativas, del pasado colonial, asesino y esclavista, de hoy y del pasado, de los países colonizadores.

  • El fin del mandato del dinero por encima del ser humano.
    Que no te mientan, lo que parece inhumano, es inhumano, no hay razón posible, ni estrategia política para justificarlo.

    Los amaneceres mirando al mar están bañados de sangre.


texto: @nowheresally ilustración: @nacha.vollenweider

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