Rumiantes ensoñaciones desde el sur

«Hay una expresión facial peculiar que delata a la gente que no cree en la magia» Crónicas ilustradas desde un rincón de buenos aires. Por lucía aita y bellina ilustra.

I. Hay una expresión facial peculiar que delata a la gente que no cree en la magia. Las personas profundamente escépticas. Esas a las cuales si les nombrás las estrellas en vínculo con algún acontecer mundano se les ensombrecen las pupilas. Esas que privilegian lo visual por sobre otros sentidos, que necesitan ver para creer. Igual no quiero escribir para criticar sino para comprender. Hoy caigo en  que estudié antropología por lo mucho que me atraían los rituales. Todos ellos. Los simbolismos y los encuentros grupales a los que cada quien le pone una energía particular. Puede ser una estampita o un ramillete de hierbas. O la sinergia de un baile colectivo o de una marcha.  Una bandera de un club o un talismán. Detrás de cada objeto y ritual hay energías que se mueven y circulan porque no son propias. Son innapropiables. La magia es política. Es imaginar otros posibles e ir por ellos colectivamente, con algún aura alrededor que se va sintiendo a medida que nos acercamos. Un aura distinta a todas las que conocemos. Necesitamos de les otres para que la magia se haga posible. Todxs somos culturalmente mágicxs.

II. Mis amigas en un gesto de cariño y cuidado pandémico me regalaron una luna que se enchufa. Una luna llena blanca y redonda que al enchufarse puede ponerse de colores. Rojo, verde (aborto) y amarillo. La notita decía que es el planeta regente de cáncer. Amo la luna y esa maqueta de luna en particular. Pero no puedo evitar preguntarme si quienes la produjeron creyeron en algo de eso. O si fabricar una luna es como fabricar cualquier lámpara. No quiero juzgar sino comprender. La electricidad y sus posibilidades me resultan sorprendentes, bellas. Cables, enchufes, precintos, plástico de colores para intentar construir algo que se asemeje a la naturaleza. Es tan probable que fallemos si hacemos tal cosa. Es un poco tierno. ¿Hay una fábrica de lunas? Quienes allí trabajan: ¿creen en la luna como un mantra sensible y potente de sanación?  Si no lo hacen, es probable que nunca hayan presenciado una crecida de marea durante la luna llena. 

III. De los carteles que apelan a la magia, me llaman la atención en particular los de “amarres”. Carteles con los que en algunos espacios citadinos del sur se ofrece el servicio de “atar” a alguien al corazón y vida de otra persona. Son un llamamiento a lxs mal llamadxs románticxs que aún intentan patalear y sobrevivir en el “para siempre”  tan sembrado por películas, novelas y cuentos. No puedo dejar de imaginar a alguien haciendo nudos incansablemente mientras llora lo que cree que extraña de otro ser. Un Shibari de alma, sadomasoquismo de cariño. Una imploración por poder tener el control de la mirada y deseo del otro mutado en forma de vela e incienso. Entiendo las críticas y creo que debemos desatar esas formas de dominio y control del otro. Sin embargo, que frágil y desarmado está ese alguien que extraña tanto como para pedirle a la magia, al más allá, a las energías que le otorguen algo tan fuerte como nudos y cadenas. Nudos como los que intentan retener un barco en el puerto que al ritmo de las olas y mareas insiste con zarpar.

IV. Me detengo frente a una pintura de remedios varo y emerge lo surrealista, las pócimas, el misterio como modo de habitar un mundo cada vez más luminoso y expuesto. La fascinación de lo oculto, lo que no se muestra, lo que atrapa y conmueve. Ese arte que es surreal por las fibras que toca, por calar tan profundo en un cuerpo que apenas se cruza. Porque toca, mueve y deja ir. Escuchaba el otro día una periodista que advertía sobre la peligrosidad de las sectas. Y más allá de lo poco que se sabe sobre las sectas y sus peligrosidades frente a la vulnerabilidad humana, el problema allí no es ni la creencia mística ni lo grupal. Es el poder de algunos sobre otrxs como en cualquier iglesia. Política en el sentido más amplio y tallado que se encuentre. Imagino que la secta no se mueve realmente entre ritmos alquímicos, zodiacales o astrológicos. No se mueve, estanca. Porque el  kit está en el poder, muchas veces patriarcal y abusivo, y en el maldito (de maldiciones varias) dinero. Como todo lo que no vibra ni potencia en este mundo.  

V. Hay días en los que encender la tv, la compu o el celular abre un hueco en nuestras mentes en el que parece fugarse toda esperanza en la humanidad. Son días en los que la palabra crisis y pandemia invade las redes e invita constantemente al desánimo y la quietud. ¿Cómo podemos mantenemos despiertxs cuando nos quieren adormecidxs? Una posible respuesta es que si no podemos terminar de despertar, al menos debemos poder soñar. Y que hay espacios en los cuales mantener viva la llama de la ilusión es considerado un arte. Espacios y personas que se apoyan en poderes que no son absolutos sino que se comparten para generar sensaciones en cuerpos de otrxs. Lugares y personas cuya potencia, como si fueran la reencarnación de una vanguardia surrealista, es poner en duda que lo que vemos es la realidad y abrir cuestionamientos sobre lo que creemos conocer.  ¿Cómo? Con magia.

Textos: lu aita Ilustraciones: bellinailustra

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