Día de les muertes

Es acaso la única tradición prehispánica que se conserva después de más de 500 años tras la colonización española donde a base de sangre y tortura fue instaurada la religión católica que intentó acallar la cosmogonía de las culturas originarias. Por adriana carrión desde méxico.

Hablar de la muerte es complejo, no importa la nacionalidad, creencias religiosas, posturas políticas o ideológicas; la muerte es ese episodio temido, que, como señala alguna frase de internet “es señal de que hubo vida”. 

La incertidumbre del “después de la muerte” nos come a muches: crisis de ansiedad por imaginar que no estaremos más, ¿cómo será esa sensación del no vivir? No lo sabemos, o por lo menos la ciencia no ha encontrado respuesta pronta, pero en méxico, creemos que cada año nuestres muertes viven, comen y disfrutan de las ofrendas que preparamos quienes habitamos en este plano terrenal.

Dulces tradicionales, calaveras de azúcar, papel de china “picado” y colorido, copones con ocote y copal, vasos con agua, sal, velas prendidas, flores de cempoalxóchitl, Garra de León o Moco de Pavo, pan de muerto, frutas y licores; del 28 de octubre al 2 de noviembre, el Centro de la Cuenta Lunar (Meztli+Cictli+co) recibe a las, los, les muertes.

El Día de les Muertes en méxico es acaso la única tradición prehispánica que se conserva hasta nuestros días, después de más de 500 años tras la colonización española donde a base de sangre y tortura fue instaurada la religión católica que intentó acallar la cosmogonía de las culturas originarias de este territorio latinoamericano.

La muerte para les mexicanes

Las culturas prehispánicas del hoy llamado méxico compartían diversas ideas respecto a la muerte; para el pueblo mexica por ejemplo, era la vida un proceso de incertidumbre y pesares a cargo de Tezcatlipoca “portador de las desgracias”; la muerte en cambio era considerada como el inicio de un proceso de calma y paz, por ello mictlantecuhtli, señor de la muerte, no era figura temida.

El miedo fue traído a latinoamérica por europeos, para quienes la concepción de la muerte en un episodio determinante: morir para ser juzgades y trasladarse al cielo o al infierno; en cambio les ancestres miraban a la muerte como el paso necesario a la tranquilidad, no existía la concepción del infierno y entonces se iniciaba un viaje largo a través de nueve dimensiones para alcanzar el lugar del reposo eterno a través de un río que será cruzado con la guía de un perro, hasta alcanzar el mictlán.

Pero la muerte no es súbita, dice andrés medina, investigador en la Universidad Nacional Autónoma de méxico (UNAM), sino un largo camino de transformación en el que la figura humana como la conocemos, desaparece para entrar a una “totalidad impersonal”, no se muere, se tiene la sensación de avanzar.

Para este viaje, se preparaba a le, la o el muerto con una ofrenda en vasijas de barro con diferentes alimentos y elementos simbólicos para que la persona no sufriera hambre durante su camino; este es el origen de nuestros “altares de vida” como ahora les conocemos.

La batalla por conservar la raíz prehispánica de estas fiestas y rituales ha sido dura, primero contra el catolicismo y después un estire y afloje con las tradiciones estadounidenses como el halloween, una festividad transformada en américa y con origen europeo: samhain.

En el méxico prehispánico existía un culto a les muertes, transformado por la iglesia católica a través de la colonización instaurándolo como el Día de los Fieles Difuntos, regulando el culto a la muerte con la instalación de cementerios como parte de los territorios de los templos católicos; fue el presidente benito juárez (de origen indígena) quien a través de las Leyes de Reforma que obligan la separación de la Iglesia y el Estado, da una opción a los pueblos originarios de retomar sus rituales en torno a los fallecimientos.

¿De qué hablamos les mexicanes cuando hablamos de muerte?

¿De qué hablas tú, queride lectore cuando te refieres a la muerte? En méxico hay al menos cinco opciones: la muerte como el término de la vida, como culto (La Santa Muerte), como asesinato (homicidio), el asesinato por no compartir el binarismo sexual, o el feminicidio, la privación de la vida por el hecho de ser mujer.

Este país se encuentra ante nuevos escenarios más allá de la fiesta por recibir a quienes terminaron su vida, la muerte ya no es sólo el inicio del viaje al mictlán, tampoco ese fenómeno del que nos burlamos como lo hizo el caricaturista José guadalupe posadas a través de su famosa catrina y otros personajes de la vida burguesa convertidos en “calacas” para hacer crítica social; ahora la muerte es nuestra cotidianidad a través de las violencias que resultan de las desigualdades en méxico.

La industria del narcotráfico es la más mortífera a corto plazo: si no pagas derechos de piso, seas vendedore, migrante, trabajadore sexual, comerciante… Mueres; pero mueres también si eres sicario; jóvenes que atraviesan un sin número de desigualdades y violaciones a sus derechos humanos, a quienes el Estado no garantizó las condiciones básicas para una vida digna, usados como carne de cañón de los cárteles de la droga: reclutados para matar y ser matados, a cambio de riqueza inmediata.

La violencia machista y patriarcal (de la que también se desprende el narcotráfico) solapada a través de las jerarquías gubernamentales, asesina a 10 mujeres al día en méxico; también las desaparece, cientos de mujeres de quienes se desconoce su paradero son víctimas del negocio de la trata de personas.

Hay que decirlo; en méxico a las mujeres se les priva de la vida porque siguen siendo objetos, seres sin aparente identidad o derechos, usadas para el placer sexual de millones de hombres, para el negocio de la maquila de grandes empresarios que no pagan salarios justos ni garantizan prestaciones como el acceso a los servicios de salud; como esclavas también de sus novios, esposos, padres, o cualquier hombre con un vínculo afectivo.

Para ellas, las colectivas feministas han propuesto extender el Día de les Muertes hasta el día 3 de noviembre: Día de las Muertas, recordando a todas las mujeres víctimas de feminicidio en méxico.

Si lo pensamos bien, este país y su tradición son un ejercicio maravilloso para no morir, como pensaban les mexicas, sino para avanzar; el Día de les Muertes es un ejercicio de Memoria en el que celebramos la vida de nuestras personas amadas, pero también en el que recordamos a quienes les fue negada la vida digna por ser jóvenes, disidentes, activistas, periodistas, pobres, víctimas, desaparecides, ¡M U J E R E S!

México, les mexicanes y la muerte comparten un lazo inseparable, resignificarlo es una tarea constante. Por eso hoy recuerdo a mis abuelos campesinos con amor, por enseñarme a respetar a mi madre tierra; pero nombro y con voz fuerte a los 43 estudiantes normalistas de ayotzinapa, imagen fiel de la violencia contra las juventudes.

Y grito con toda mi ternura radical los nombres de maricela escobedo, a quien (en palabras de su hijo) fue más fácil matarla que hacerle justicia junto a su hija rubí; a karen nataly, una joven de mi ciudad que fue asesinada por un taxista obsesionado con que debía pertenecerle por el simple hecho de estar enamorado de ella (sí, el amor romántico mata); por reina isabel, una adolescente violada y asesinada por tres jóvenes en naolinco, veracruz durante la pandemia; por magaly, quien su novio decidió que no debía vivir; por alaska, ahorcada con un alambre de púas por hombres que no aceptaron su transexualidad; por nadia, asesinada junto a mi compañero rubén, por el simple hecho de mostrarle a la ciudadanía la corrupción de las autoridades del Estado de Veracruz; por todas las mujeres periodistas, por todas las madres que murieron sin encontrar a sus hijes desaparecides; por mi tía toña que murió por alzheimer después de una vida violenta junto a su esposo; por todas las mujeres que mueren por abortar de manera clandestina; todas ustedes ¡V I V E N! y avanzan a un plano donde descansarán con dignidad, mientras nosotras, en este plano donde luchamos todos los días por tirar al patriarcado, las recordaremos siempre como ejemplo de lucha viva, activa, que no muere.

Texto: @adrilagunes Ilustración: @maria.ilustra

adriana carreon
maria morillo

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