Chica humus

Las plantas, la conciencia, el alimento y el ego: Un viaje por el (auto) conocimiento de las plantas o la conexión de la vida vegetal y las mujeres

Reportaje a @experienciando por anaclara pugliese.

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Siempre me llamó la atención cierta conexión femenina con el mundo vegetal. Muchas tías, vecinas, abuelas con nombres de flores: mi familia era un ramo de abuelas rosas, tías margaritas, azucenas, primas lilas, dalias, violetas. Ellas llenaban sus patios de macetas que dejaban en el piso, sobre mesas, en tapiales, conscientes de las vibraciones energéticas y estéticas de las plantas. Desde hace un tiempo me pregunto: ¿Hay una conexión entre el mundo vegetal y la historia de las mujeres, más allá de la asociación de las flores con la belleza y lo efímero de la juventud? Todos los 8 de marzo y 3 de junio cuando veo en las calles a chicas e identidades feminizadas con coronas de flores en la cabeza siento que nos apropiamos de esa simbología florística y la mejoramos: ahora somos flores, pero de plástico, que florecen y ya nunca marchitan.

Fotografia: @flor.visual

Fotografia: @flor.visual

En el continente americano se guarda una parte importante de la diversidad biológica de nuestro planeta. En argentina, por su amplia extensión geográfica en sentido norte-sur, nacen unas 9.000 especies vegetales, muchas de ellas originarias: árboles, hierbas, lianas, arbustos y epifitas. En la actualidad se considera que al menos 1.200 de esas variedades poseen algún tipo de propiedad medicinal. Este aprendizaje etnobotánico empezó hace miles de años con la llegada de las primeras poblaciones indígenas a la región. Nuestros ancestros más remotos descubrieron que algunas plantas podían aliviar dolores, provocar súbitas explosiones de energía, protegerlos de enfermedades o estimular el pensamiento y la sensibilidad. Muchas de esas variedades se consideran hoy yuyos, malezas, porque crecen espontáneamente y pasan inadvertidas, a menos que conozcamos algunas de sus aplicaciones medicinales, que llegaron hasta nosotrxs sobre todo a través de la tradición oral.

julia camilletti nació en arroyo seco y después viajó por latinoamérica, vivió en la selva amazónica en comunidades indígenas, conoció variedades de plantas y aprendió con ellas. Viene creando lazos vegetales, escuchando a los yuyos y las semillas, y pensando a las plantas en relación con la energía femenina. Además, acompaña procesos de sanación guiados por espíritus vegetales, con yuyos que crecen en cualquier baldío.

Es muy raro decir “espíritus vegetales” porque el mundo vegetal siempre representa pasividad o existencia monótona, inactiva. Suele decirse que alguien es como un vegetal cuando es pasivo o tiene una existencia puramente fisiológica. Sin embargo, las plantas se mueven y pueden desplazarse o explorar en dirección a lo que quieren, nos seducen con sus frutas sabrosas y sus flores coloridas, que nos ponemos en la cabeza o nos llevamos a nuestras casas. Lo hacen para que dispersemos las semillas lejos de ellas. Incluso, bajo tierra, tienen una existencia secreta, sus raíces se buscan y se envían mensajes.

suzanne simard descubrió que un bosque es mucho más de lo que vemos, que los árboles no son seres solitarios, sino que bajo tierra se comunican y se comportan como un solo organismo. Lo hacen a través de una red de hongos que crecen en sus raíces y que los mantiene conectados, aunque sean de distintas especies. Así comparten recursos entre ellos. En esa red, hay arboles-núcleo o árboles-madre, que nutren a los más jóvenes. En un solo bosque un árbol-madre puede estar conectado a cientos de árboles. Los árboles-madre envían a través de esa red de hongos el exceso de carbono a los más pequeños, que están a su sombra, para que tengan más posibilidades de sobrevivir. Si algún árbol es atacado o está muriendo, envía mensajes químicos a la siguiente generación de plántulas para que refuercen sus defensas, y así aumentan la resistencia del grupo. Es un internet subterráneo y vegetal.

Pero además hay otra internet, que los conecta al cosmos: todos los bosques del mundo están sincronizados en una coreografía permanente que sigue el movimiento de la Tierra, de la Luna y de los planetas.

¿Estarán las plantas dispuestas a conectarse con nosotrxs, a cooperar con toda la humanidad para volver a hacer del mundo un jardín?

julia piensa que lo primero que influyó en su conexión con las plantas fue haber nacido en un pueblo con bastante naturaleza, rodeada de campos que, aunque sembrados de soja, tenían en sus bordes, florecidas y sobrevivientes a los herbicidas, manzanilla y diente de león, que ahora junta como medicina, pero que antes, de chica, juntaba porque no podía resistirse a su belleza.

–Hay muchas formas de clasificar las plantas, así como sistemas que trabajan con ellas, pero las principales son por su sabor (amargas, picantes, saladas, dulces, etc.), por su temperatura (frías o calientes), por su modo de trabajo. Hay plantas que directamente nos conectan con planos superiores de consciencia (también llamadas maestras, sagradas o psicotrópicas) y otras que actúan más sutilmente.

Además de flores, en las marchas se ve mucha piel intervenida con brillos, labiales que pintan palabras como queriendo abrir bocas en todo el cuerpo. Una de las frases que más circula es “Somos las nietas de las brujas que nunca pudieron quemar”.

La figura de las brujas es actualizada desde los años 70, una y otra vez por los feminismos. Julia es una bruja que, como las otras, piensa a los cuerpos en continuidad con las plantas, las palabras, animales y planetas.

En “Palabras para brujas”, natalia ortiz maldonado escribe que para las brujas en los cuerpos coagulan fuerzas que pueden ser intervenidas, porque “la naturaleza no es un territorio domesticable ni de leyes inquebrantables, sino un plano no binario, que nos puebla y que poblamos, habitado también por técnicas, deseos, vivientes no-humanos, clinámenes y saltos cuánticos. (…) La naturaleza de las brujas es antinatural e inquietante, en ella todas las composiciones son posibles”. El uso y consumo de plantas medicinales nos invita, según julia, a cambiar de paradigma. Es una decisión política ligada a la toma de poder sobre los propios procesos corporales y sobre la salud considerada de un modo integral.

–Las plantas son seres completos que trabajan a múltiples niveles, por eso yo recomiendo no recurrir a la medicina vegetal de la misma forma que me tomaría una pastilla para erradicar un síntoma, tengo que saber ante todo que el proceso de sanación va a ser diferente, con otros tiempos, me va a invitar a cuestionarme de otra manera, a hacerme cargo de mi dolencia y a reconocerme un ser holístico, que tiene un cuerpo, una mente, emociones y energía sutil, que funcionan como un todo complejo.

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La concepción moderna hegemónica del cuerpo (individualizado, separado del cuerpo social, del cosmos, y hasta de nosotrxs mismxs, en la medida en que creemos que “tenemos” un cuerpo, no que “somos” un cuerpo) es reemplazada por otra que propone volver a unir el cuerpo y lo sagrado, lo divino y lo terrenal.

“Hay plantas que mueven la energía de determinados órganos del cuerpo y como cada órgano está vinculado a una emoción, si tomamos alguna planta para ese órgano, vamos a mover la emoción que está asociada a él, como es el caso del hígado y la ira, por nombrar uno. Siempre es importante honrar de qué cosmovisión proviene ese conocimiento, quién lo está compartiendo y estar acompañadx por alguien formadx que pueda asesorar y acompañar eso que se vaya a abrir”.

Las plantas son nuestras amigas. Nos hicieron descubrir nuestra primera pantalla hipnótica: el fuego. Nos dan oxígeno, nos dan sombras frescas, alimento… ¿Creés que nosotrxs le damos algo a las plantas, que hay algún tipo de pacto?

No sé si lo llamaría pacto, sí sé que las plantas son seres vivos que tienen espíritu, tienen una energía, y si yo me comunico con esa energía y les cuento para qué las estoy invocando, para qué las voy a usar en mi cotidiano, ya sea en mi jardín, o como medicina, alimento o cosmética natural, etc, qué intención tengo, tomo más consciencia del vínculo con ellas, creo una relación. El dicho popular dice que las plantas se ponen más bonitas si unx les habla… Eso mismo hacemos cuando recurrimos a una planta. Y como cualquier vínculo, para que sea saludable y se sostenga, tiene que mantener un dar y recibir equitativo, un ayni… Los pueblos originarios nos enseñan que siempre que tomamos plantas, cuando nos servimos de los dones de la naturaleza, es bueno reforestar, real o simbólicamente… Por eso es tan importante caminar hacia la soberanía alimentaria y de nuestras medicinas, para que podamos tener lo que necesitamos en nuestro propio jardín o alimentar las redes de intercambio con lxs mismxs vecinxs del territorio.

En un texto tuyo hablás de un “feminismo de la tierra”… ¿Las plantas nos conectan con nuestro lado femenino?

Sí, la primera conexión que encuentro es en la percepción del tiempo. La energía femenina es cíclica como la Tierra y la Luna, tenemos nuestras propias estaciones o fases, y ver esa correlación afuera te ayuda a entender y aceptar las internas. Cosechar nuestras propias medicinas nos conecta inevitablemente con los ciclos del Sol, de la Luna, de las estaciones y los planetas, son saberes alejados para nuestra mente lineal adaptada al calendario gregoriano, pero de a poco estamos deconstruyendo y recuperando los tiempos naturales, los tiempos femeninos de pasividad, de creatividad, de gozo. Los tiempos de gestación natural no se pueden adelantar, nos invitan a la paciencia y a la aceptación.

¿Y cuál sería el feminismo de la tierra?

Siento que social y colectivamente estamos en un despertar de la energía femenina, conectada a la parte divina, al sentir, a la sabiduría de todo el cuerpo, y ello se traduce también en un mayor interés en el mundo de las plantas. Además de que, tradicionalmente, siempre han sido las mujeres las guardianas de los saberes herbolarios. Para mí el feminismo de la tierra es el que conecta el abuso al cuerpo de la mujer con el abuso que nuestro sistema actual (capitalista, extractivista y patriarcal) hace de la Pachamama y sus recursos. Cada persona que toma consciencia de la violencia patriarcal despierta a que eso mismo le hacemos a la Tierra, que es un ser vivo.

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¿Qué le pasa al cuerpo con el consumo consciente de plantas? ¿Qué es para vos sanar? 

La clorofila de las plantas y la sangre humana tienen una composición muy similar, trabajan a nivel ADN y de forma multidimensional, esto no pasa solamente con plantas medicinales, también sucede con una alimentación basada exclusivamente en plantas. Al ser los primeros seres puestos en la Tierra, la primera vida, guardan esa memoria de cómo volver al origen. Sanar a mi criterio es reconocerse conectadx a todo, esto se va a manifestar en cada persona de forma diferente, pero en última instancia se va a materializar en sentir más amor, que es nuestra esencia, por unx mismx, por lxs que tenemos alrededor y por la existencia toda. Antes de llegar a ese lugar hay mucho que purgar, limpiar, cambiar, replantearse, deconstruir, no es fácil pero para eso es que hemos nacido, para aprender y evolucionar, no para consumir y agrandar nuestro ego. Si alguien hace consciente este camino de sanación que es la vida, va a encontrar medicina en todas las cosas, las plantas son solo un potente camino entre muchos otros.

¿Cómo te imaginás ahora un futuro post-pandemia ideal? ¿Cómo van a cooperar las plantas con nosotrxs para hacer un jardín?

En un futuro post apocalíptico, el ser humano restaura su conexión con el Planeta Tierra, la Gran Madre Gaia Pachamama, dadora y sustentadora de vida y su expresión en la naturaleza toda. Lo logra a través de reconocer y honrar la energía femenina, uniéndola a la masculina, tanto interna e individualmente, como colectiva y arquetípicamente. Una correlación de cómo la energía yang de padre sol fecunda con profundo respeto la tierra ying y así se obtiene permaculturalmente todo lo que necesitamos: alimentos, medicinas, cobijo. Es una humanidad totalmente vegetal, que entiende que la clorofila de las plantas y la sangre humana funcionan en sinergia, ascendiendo juntos planeta y raza. Comemos lo que viene de la Tierra, devolvemos los desechos de nuestros cuerpos a la Tierra. Ella lee nuestras necesidades físicas, mentales, emocionales y espirituales. Adapta su alimento para nosotrxs. Nosotrxs la amamos y respetamos porque despertamos a su infinito poder. Ya no hay apuro, no hay nada que lograr porque ya no hay ego individual. Nos reconocemos unidxs e interconectadxs a todo y entre todxs. Las especies, las razas, los géneros y generaciones coexisten en armonía, recordando antiguas profecías arcoíris. Las diferencias motivan el aprendizaje, cooperando y compartiendo en lugar de compararse y competir, instaurando acuerdos e intercambios de materia y energía equilibrados. Retornamos con humildad a los saberes sagrados de las tradiciones ancestrales, pueblos originarios que supieron guardianar la vida desde su comienzo, recordando nuestros poderes, telepatía, multidimensión, capacidad de crear realidad, conexión con seres superiores que nos están asistiendo. Lo llaman Nueva Tierra o Tierra Sin Mal, y ya está sucediendo. En donde estés parado, es la línea de tiempo que está creciendo.


texto e ilustración: @ana.c.pugliese

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anaclara pugliese