Conexiones

“El sombrero rojo se inclinó, como excusando el estornudo de su dueña. Las pequeñas gotas casi invisibles trazaron un arco perfecto, camuflándose entre la lluvia”.

Por Laura Ghirardi

Un taxi dobló a toda velocidad en la esquina, salpicándole los pies e ignorando el llamado desesperado del caballero de los pantalones caqui, que temía perder su vuelo y cruzaba sin mirar y a paso ligero, cubriéndose —inútilmente— con un diario que acabó por deshacérsele en la mano derecha que agitaba por los aires. De su brazo izquierdo colgaba un portafolios de cuero marrón que se deslizaba hacia la mano que sostenía, a duras penas, un café que se enfriaba.

Todo pasó en una fracción de segundo, que transcurrió en cámara lenta.

El sombrero rojo se inclinó, como excusando el estornudo de su dueña. Las pequeñas gotas casi invisibles trazaron un arco perfecto, camuflándose entre la lluvia, y se embarcaron de polizontes en la tapita plástica que evitó que el café se derramara sobre el pantalón caqui que subía apuradamente al taxi que se había detenido de un patinón y de milagro no le pisó el dobladillo.

 —Andiamo in aeroporto , per favore— dijo, y sorbió lo que quedaba de su café, ya relajado.


texto e ilustración: @laughirardi